miércoles, 28 de noviembre de 2007

Aire condicionado


Nuevamente miro al cielo, nuevamente venteo el aire, nuevamente me rasca la garganta. Nuevamente llamo por teléfono, nuevamente no pasa nada. Nuevamente reculo intranquilo.

Porque si hay que correr, huir, volar... porque si hay que dar la razón al catastrofismo y sumergirse en un refugio... porque si hay que luchar con rabia, con convencimiento... porque si lo porqués aparecen amenazantes.

Pero nuevamente no pasa nada. Vivo en un octavo con vistas al aire condicionado. El aire contaminado que ataca a todo ser viviente sin condición.

Otra persona más se suma a la lista de damnificad@s. Otra respiración que renquea, otro cuerpo al que no le llega en condiciones el aire. Porque el aire de Huelva está condicionado.

Condicionado a que prioridades mezquinas manipulen la opinión pública para que la salud sea un derecho de segunda clase. Condicionado a que la valentía aparezca en los políticos, la coherencia en los que levantamos de vez en cuando la voz, la sensatez en la masa. Condicionando que la salud sea un deseo, tan sólo un deseo.

Y si os llamo otra vez por teléfono casi voy a preferir, en mi manía autodestructiva de querer llamar a las cosas por su nombre, voy a preferir que me digáis que sí, que pasa algo. Que el aire está condicionado y que hoy la condición que se ha impuesto para que podamos respirar bien no me la vais a decir, pero que existe (en lejanos centros de decisión, en largas mesas de caoba).

(Un día, tras recordar mis múltiples telefonazos al Centro de Coordinación de Emergencias de Huelva)


diciembre 2006
foto de Pedro Terrades, visita su flickr

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