La pegatina no había desaparecido. Los festejos recientes ofrecían estos mensajes alentando a una revolución fascista.
Después llegó alguien y le arrancó un trozo. Después llegó alguien y la rayó. Después llegó alguien y miró con desaliento, con incomprensión.
La pegatina sigue allí. Y ahora, silenciosa, denuncia contradicciones, grita rabia. Sigue cargándose de significados cada vez que después llegue alguien.
Después llegó alguien y le arrancó un trozo. Después llegó alguien y la rayó. Después llegó alguien y miró con desaliento, con incomprensión.
La pegatina sigue allí. Y ahora, silenciosa, denuncia contradicciones, grita rabia. Sigue cargándose de significados cada vez que después llegue alguien.
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